Luis Alberto Posada recordó sus inicios: "a mí también me menospreciaron"
Desde la hostilidad de las negativas hasta el eco de los aplausos, el recorrido del artista de música popular simboliza la tenacidad de quien cree en su vocación.
Publicado:

Por: Equipo de Redacción
Redacción Digital

La trayectoria de un artista no siempre se forja en los escenarios, sino en la resistencia frente al rechazo. La historia de Luis Alberto Posada es un testimonio de perseverancia frente a la adversidad, un recorrido por puertas que se cerraban antes de que una se abriera para cambiar su destino. Este es el relato de una voz que se negó a ser silenciada.
Rogar por una oportunidad
La vida de Luis Alberto Posada no fue color de rosa. En sus inicios, la dificultad fue una constante. Tocó puertas sin cesar en una búsqueda incansable por una oportunidad. Antes de obtener su reconocimiento, se vio obligado a ganarse la vida cargando bultos, un oficio duro que no apagó su sueño.
El artista recuerda que recorría lugares con un cassette y una foto en blanco y negro en un sobre de papel manila. Iba a todos los sitios donde presentaban artistas, con la esperanza de que alguien escuchara su material. El rechazo era frecuente y despiadado. Le cerraban las puertas en la cara, un acto que lo hacía llorar por la frustración y el desprecio frontal a su ilusión.
Posada enfrentó esa realidad con una valentía notable. Soportó humillaciones, burlas y la falta de apoyo. Incluso, a varios colegas de la época les suplicaba que lo dejaran cantar. Solo si sobraba tiempo, le concedían el espacio para que la gente lo escuchara. Esa etapa fue un verdadero examen a su determinación.
¿Por qué un cassette no suena igual en todos los reproductores?
Una barrera técnica simbolizó sus obstáculos. En esa época, el dispositivo común para escuchar maquetas era el deck, una máquina para cassettes. La calidad del sonido de su cinta no era consistente en todos los aparatos, un factor fuera de su control que afectaba su destino.
En algunos equipos, la cinta sonaba bien. En otros, el audio se distorsionaba y sonaba mal. Esta inconsistencia técnica era suficiente para que los responsables le negaran la oportunidad. Le gritaban "váyase de aquí" y tildaban su trabajo de "porquería", sin considerar el talento detrás de una grabación de baja fidelidad.
Esa variable técnica se convirtió en una metáfora de su lucha. El mismo esfuerzo, materializado en un cassette, recibía un juicio diferente según el aparato que lo reprodujera. Era la cruda demostración de que, a veces, el contexto y los medios pueden opacar el mérito real de una persona.
La gratitud
El giro llegó cuando, después de tanto insistir, una puerta se abrió. Posada no recuerda cuál fue exactamente, porque ocurrió hace muchos años, pero sí sabe que esa fue la que le dio la bendición. Ese momento cambió todo y marcó el inicio del reconocimiento que tiene hoy.
Esa oportunidad permitió que el público conociera su voz y su arte. Ahorita, él es Luis Alberto Posada, un nombre que representa triunfo y resiliencia. Reconoce que su presente es el resultado de no abandonar ante el rechazo y la incomprensión.
Su agradecimiento es profundo. Dirige su gratitud a su público y a su fe, con un sincero "gracias a ustedes, nuestro padre divino". También guarda un afectuoso recuerdo por los músicos de la época, algunos ya fallecidos y otros "vivitos", que fueron parte de ese camino escabroso.
La historia de Luis Alberto Posada es más que una biografía artística; es un manual de persistencia. Enseña que el camino al éxito a menudo está pavimentado con negativas, pero que una sola afirmación puede compensar todas las derrotas. Su legado recuerda a las nuevas generaciones que el talento requiere de una porfía inquebrantable para brillar.
Para Olímpica Stereo, esta narrativa resuena con nuestra audiencia, que valora las historias reales y la música con esencia. La vida no es color de rosa, pero como muestra Posada, la lucha honesta por un sueño tiene un valor y un reconocimiento que al final florece.


