Willie Colón y su mítica detención en Medellín: "Eran un chorro de bandidos que venían de Bogotá"
La experiencia de Willie Colón y su orquesta en la capital antioqueña se convirtió en leyenda, alimentando el mito del “Malo de la salsa” con una historia digna de película.
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Por: Juan Manuel Arias Montenegro
Creativo Digital

Entre las miles de historias que forjaron la leyenda de Willie Colón, hay una que los habitantes de la capital antioqueña guardan con especial asombro.
No se trata de un concierto multitudinario o de un álbum premiado, sino de las 48 horas que el "Malo de la salsa" pasó en una celda de la unidad de inteligencia F2 en el barrio Belén, un episodio que pasó de los juzgados a las radiolas de todo el continente.
Un concierto fallido y una revuelta violenta
Todo comenzó el 7 de septiembre de 1985, mientras el Coliseo Iván de Bedout estaba por reventar y miles de fanáticos esperaban al ídolo que, debido a retrasos aéreos desde Bogotá, no pudo presentarse a la hora pactada; sin embargo, el verdadero problema no era el reloj, sino el dinero.
Al llegar al recinto pasada la medianoche, Colón descubrió que los empresarios de Rumba Producciones no habían cancelado la totalidad del pago acordado y fiel a su carácter firme, el neoyorquino se negó a subir a la tarima.
La noticia de la cancelación cayó como un balde de agua fría sobre el público, que tras horas de espera, estalló en una violenta revuelta. Sillas volando y desmanes dejaron seis heridos y pérdidas materiales que, a valor de hoy, superarían los 690 millones de pesos.
De la tarima al calabozo
Ante el caos, la policía intervino de manera drástica. Willie Colón y sus 13 músicos fueron arrestados bajo cargos de incumplimiento de contrato y estafa. El grupo fue trasladado a la estación de Belén, donde permanecieron detenidos durante dos días.

Aquel momento quedó inmortalizado no solo en los archivos judiciales, sino en una fotografía que el mismo Colón desempolvó años después en sus redes sociales, en la que se le ve junto a su orquesta tras las rejas, cansados pero con la dignidad intacta.
Al final, se demostró que la responsabilidad recaía en los promotores, quienes terminaron siendo los verdaderos sancionados por la justicia.
La crónica cantada de una injusticia
Como todo gran artista, Colón transformó el trago amargo en oro musical. De esa experiencia nació la canción Especial No. 5, titulada así por el número de la celda donde estuvo recluido en Medellín. La letra es una crónica irónica y mordaz sobre el poder y la corrupción.
En sus estrofas, el trombonista se burló de las autoridades que lo presentaron como un peligro público: “Eran un chorro de bandidos que venían de Bogotá, declaraba el coronel, que aspiraba a general”.
También describe las precarias condiciones del encierro, mencionando que pasaron 20 horas sin comida ni un lugar donde sentarse, tomando refrescos en bolsas.
El guiño a Pedro Navaja
El cierre de la canción es una joya de la narrativa salsera. En un arrebato de humor negro, Colón le pide a las autoridades que, si lo van a dejar preso, al menos lo cambien de celda porque su compañero de encierro es, nada más y nada menos, que el mismísimo Pedro Navaja.
Este episodio, lejos de alejarlo de Colombia, estrechó sus vínculos con el país. Para Willie Colón, Medellín no fue solo el lugar de un arresto injusto, sino el escenario donde el "Malo" demostró que, incluso tras las rejas, su música seguía siendo libre y su voz, imposible de silenciar.


