Willie Colón, todo tiene su final, nada dura para siempre
En este editorial despedimos no con trompetas sino con trombones al Malo del Bronx. El legado de Willie Colón será imborrable.
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Jefe de Audiencias Digitales

La gente mágica puede ver cosas que los mortales ordinarios ignoran. Willie, con esos ojos tristes y adormecidos, podía ver estrellas de la música en los diamantes en bruto; vislumbrar éxitos de la salsa antes de que ocurrieran y producir música tan bien hecha que venía sin fecha de vencimiento.
Colón veía las notas musicales en el aire y las capturaba para hacer de ellas temas memorables.
Sus polémicas posiciones políticas eran apenas un murmullo al lado del estruendo de su grandeza artística.
Sin él, ni Lavoe ni Blades.
Irrumpió como un villano con su salsa callejera, salsa gánster, en la escena musical del Bronx. Sus trombones rompieron las partituras y los moldes. Creó un dupla malígnamente buena con Héctor. Fue El Malo, The Husler, fundó La Cosa Nuestra e incluso protagonizó un Asalto Navideño en pleno Nueva York, cuando la música disco lo era todo.
Fue uno de los pilares de La Fania y de la internacionalización de su género. Experimentó con los sonidos del Caribe y unió al continente cuando integró a la música popular brasileña a lo largo de su repertorio discográfico.
Al lado de Rubén hizo Siembra, uno de los álbumes más influyentes de la música latina. Sus letras echaron raíces en el corazón y el inconsciente colectivo de sus fanáticos para bailar y cantar temas con un sentido social.
La salsa y la música despiden con honores, y no con el sonido de las trompetas, sino con la melancolía de los trombones, al hombre que desde joven supo llevar con altura el título de Maestro.
La música extrañará por siempre su mirada de brujo y su clarividencia.
Hasta siempre Willie, todo tiene su final, nada dura para siempre.


