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La maternidad bajo la lupa: ¿tener dos o tres hijos se asocia con un envejecimiento distinto?

Investigaciones realizadas en Finlandia replantean la relación entre maternidad, salud y longevidad, y ponen el foco en el contexto social y biológico de cada mujer.

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Por: Equipo de Redacción

Redacción Digital

Maternidad en duda
Los hallazgos, difundidos por revistas científicas y medios de divulgación como Nature Communications, Scientific American y New Scientist, invitan a observar la maternidad de forma más amplia.

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Durante décadas, la maternidad se ha asociado casi exclusivamente al desgaste físico y emocional. Sin embargo, nuevos estudios científicos comienzan a matizar esa idea. Investigaciones realizadas en Finlandia sugieren que tener hijos no siempre acelera el envejecimiento biológico y, en ciertos casos, incluso podría asociarse con una vida más larga y saludable.

Los hallazgos, difundidos por publicaciones como Scientific American, Nature Communications y New Scientist, invitan a mirar la maternidad desde una perspectiva más compleja, donde biología, entorno social y condiciones históricas juegan un papel determinante.


El número de hijos sí importa… pero no como se pensaba

Uno de los estudios más recientes, liderado por la Universidad de Helsinki, analizó a más de 3.000 mujeres finlandesas nacidas entre 1934 y 1944. A través de muestras de sangre y análisis genéticos, los investigadores midieron la llamada “edad biológica”, un indicador que no depende del calendario, sino del estado real del organismo.

El resultado fue llamativo: las mujeres que tuvieron dos o tres hijos mostraron un envejecimiento biológico más lento que aquellas que tuvieron uno solo, ningún hijo o cuatro o más.

Lejos de confirmar que la maternidad desgasta de forma inevitable, el estudio sugiere que existe un punto intermedio en el que el cuerpo parece adaptarse mejor al esfuerzo reproductivo.


Qué son los relojes epigenéticos y por qué importan

Otra investigación de gran escala, publicada en Nature Communications, siguió durante casi cinco décadas a 15.000 gemelas finlandesas. El valor de este trabajo radica en su metodología: comparar mujeres con ADN casi idéntico permite aislar mejor los efectos del entorno y las decisiones de vida.

Los científicos utilizaron relojes epigenéticos, herramientas que analizan marcas químicas en el ADN para estimar el envejecimiento celular. Así, lograron diferenciar entre la edad cronológica y la biológica.

Las conclusiones coincidieron con el estudio anterior: las mujeres que tuvieron entre dos y tres hijos, y cuyos embarazos ocurrieron entre los 24 y los 38 años, presentaron mejor salud y mayor esperanza de vida.


¿La maternidad rejuvenece? La ciencia pide cautela

Pese a lo sugerente de los resultados, los expertos llaman a la prudencia. El doctor Galán, especialista en antienvejecimiento, explica que no se puede afirmar que el embarazo “rejuvenezca” por sí solo.

Más bien, la maternidad en ese rango suele darse en contextos de mayor estabilidad hormonal, social y económica. Factores como el acceso a salud, el apoyo familiar y el autocuidado influyen tanto o más que el hecho de gestar.

En otras palabras, no es solo cuántos hijos se tienen, sino en qué condiciones se vive la maternidad.


Cuando tener hijos sí acorta la vida: el factor extremo

Un tercer estudio, con un enfoque histórico, aporta una pieza clave al rompecabezas. Investigadores analizaron registros de más de 4.500 mujeres finlandesas durante 250 años, incluyendo el periodo de la Gran Hambruna de 1866 a 1868.

La conclusión fue contundente: el costo biológico de tener hijos solo redujo la esperanza de vida en contextos de escasez extrema. Durante la hambruna, cada hijo nacido se asoció con una reducción promedio de seis meses en la longevidad materna.

Fuera de ese escenario, no se detectó una relación clara entre número de hijos y duración de la vida.


Biología, energía y entorno: un equilibrio delicado

Estos hallazgos respaldan teorías evolutivas como la del “trade-off” o compensación biológica, que plantea que el cuerpo reparte su energía entre reproducción y mantenimiento celular.

En condiciones favorables, ese equilibrio no parece romperse. Pero cuando faltan recursos, como ocurrió durante las hambrunas históricas, el esfuerzo reproductivo sí deja huella.

Por eso, los científicos insisten en que el envejecimiento femenino no puede explicarse desde una sola variable.


La maternidad no lo explica todo

Los estudios coinciden en un punto esencial: la longevidad femenina depende de trayectorias de vida completas. Alimentación, actividad física, manejo del estrés, calidad del sueño, vínculos afectivos y entorno social siguen siendo determinantes.

La maternidad puede formar parte de ese camino y, en muchos casos, convertirse en un estímulo para cuidarse más. Pero no sustituye las condiciones estructurales que protegen la salud de las mujeres antes, durante y después de los embarazos.


Lejos de imponer modelos ideales, la ciencia empieza a desmontar mitos. Tener hijos no es, por sí mismo, una sentencia de desgaste ni una fórmula de longevidad. Todo depende del contexto, del acompañamiento y de las condiciones en las que se vive la maternidad.

Más que hablar de números, estos estudios invitan a una conversación más amplia: cómo cuidar a las mujeres en cada etapa de su vida, con o sin hijos, para que la salud y el tiempo jueguen a su favor.

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