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Los secretos tras el ladrillo y la fe: una mirada arquitectónica a las iglesias de Bogotá

Mientras en Europa las iglesias cierran, en la capital colombiana los jóvenes siguen haciendo fila para entrar a misa, un fenómeno que asombra al mundo.

Publicado:

Juan Manuel Arias Montenegro

Por: Juan Manuel Arias Montenegro

Creativo Digital

Maarten Goossens
El arquitecto Maarten Goossens revela en Olímpica Stereo por qué nuestras iglesias son "humildes" por fuera pero de oro por dentro

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Bogotá no se puede entender sin sus cúpulas, sus campanarios y el sonido de sus campanas que, desde la época colonial, han marcado el ritmo de la vida urbana.

En vísperas de la Semana Santa, Olímpica Stereo conversó con el profesor Maarten Goossens, arquitecto, experto en historia urbana y Coordinador de la Maestría en Arquitectura de la Universidad de los Andes.

A través de su mirada académica y su perspectiva como extranjero radicado en el país, Goossens desveló por qué la arquitectura religiosa bogotana es un fenómeno que mezcla la austeridad militar, la logística de masas y una fe que, a diferencia de Europa, sigue más viva que nunca.

Joyas ocultas y el diseño para las masas

Al ser consultado por las iglesias que más llaman su atención desde el rigor arquitectónico, el profesor Goossens se aleja de los circuitos tradicionales para destacar dos obras de un mismo autor: la Capilla del Gimnasio Moderno, ubicada en la Carrera 9 No. 74 – 99, y la Iglesia María Reina, en la Carrera 17 # 22a - 21.

Capilla de los Santos Apóstoles del Gimnasio Moderno

Capilla de los Santos Apóstoles del Gimnasio Moderno

Parroquia María Reina

Parroquia María Reina

Según el experto, aunque no son templos masivos, poseen un valor estético y estructural superior que el público general suele pasar por alto; sin embargo, en cuanto al fenómeno social, aparecen dos gigantes: Monserrate y el 20 de Julio.

  • Monserrate: Más que un edificio, es un "mini peregrinaje", pues Goossens resaltó que su valor radica en la ubicación ceremonial. El ascenso, ya sea a pie, descalzo o arrodillado, es parte integral de la arquitectura simbólica: una iglesia que vigila la ciudad desde la cima.

  • El 20 de Julio: Aquí, el interés arquitectónico se traslada a la logística. El santuario del Divino Niño, un culto que el profesor califica como un "invento bogotano" masivo, ha obligado a transformar el barrio. La plaza gigante, las pantallas para conectar templos anexos y los circuitos de flujo unidireccional, entrar por un lado y salir por otro, son, para Goossens, una solución arquitectónica fascinante para gestionar multitudes.

Maarten Goossens

Fachadas sobrias y altares de oro

Una de las preguntas más recurrentes de los ciudadanos es por qué las iglesias de Bogotá suelen ser tan sencillas por fuera pero tan opulentas por dentro. La respuesta, según Goossens, reside en la historia económica y los materiales de la Colonia.

A diferencia de México o Perú, Bogotá no fue una tierra de grandes capitales mineros durante la colonización. Esto derivó en construcciones más "humildes" y reducidas en escala. Los muros se levantaban con tierra comprimida, mejor conocida como adobe y ladrillo cocido, dejando la piedra solo para detalles específicos como cornisas o espadañas.

"Es más fácil reemplazar un altar o pintar una bóveda que construir una iglesia nueva", explicó Goossens.

Con el paso de los siglos, los templos se fueron "arreglando por dentro", permitiendo que carpinteros y artesanos crearan interiores suntuosos que contrastan con la austeridad exterior impuesta por la falta de recursos de la época y la influencia militar española.

Monserrate

Iglesias: Los primeros urbanistas de la capital

El profesor destacó que la Iglesia Católica fue el primer gran ordenador del espacio en Bogotá. De hecho, la nomenclatura de los barrios más tradicionales del centro, como Las Nieves, Las Aguas, Egipto, Santa Bárbara, no son nombres administrativos de origen estatal, sino los nombres de las parroquias.

En los inicios de la ciudad, la división parroquial era la misma división administrativa. Además, funciones que hoy consideramos públicas, como la salud y la educación, eran responsabilidad exclusiva de las comunidades religiosas. Aunque desde el siglo XIX el Estado buscó ser laico, la huella de la iglesia como aglutinador comunitario y constructor de identidad barrial permanece intacta.

Una fe que sorprende al mundo

Como europeo, a Goossens le sigue asombrando la vitalidad de la fe en Bogotá, dado que mientras que en Europa las iglesias cierran o se convierten en bibliotecas y bares, en los barrios periféricos y de estrato medio de la capital colombiana la gente sigue haciendo fila para entrar a misa.

"Latinoamérica es el principal bastión de la fe católica", afirmó y agregó que ver a jóvenes identificándose como creyentes y participando activamente en la vida religiosa es un fenómeno que, según su mirada, los bogotanos han naturalizado pero que es una rareza en el contexto global contemporáneo.

20 de julio

El Estado como "agresor" del patrimonio

Finalmente, el arquitecto aborda un tema polémico: la conservación. Sorprendentemente, Goossens afirma que las iglesias son lo que menos le preocupa del patrimonio arquitectónico de la ciudad, ya que están mejor cuidadas que muchos edificios públicos u oficinas, gracias al mantenimiento de sus propias comunidades y donaciones.

No obstante, señaló al Estado como el mayor agresor histórico del patrimonio religioso. Durante el siglo XIX, en la lucha por el Estado laico, se expropiaron claustros enteros para construir edificios gubernamentales. Un ejemplo claro es el Palacio de San Francisco, en el que opera la Gobernación de Cundinamarca, levantado sobre lo que antes era el claustro de los franciscanos.

Para Maarten Goossens es importante entender estas estructuras no solo como centros de culto, sino como los cimientos históricos y sociales sobre los que se construyó la Bogotá que caminamos hoy.

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