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"Regla de la mano": el truco de los expertos para medir porciones saludables en casa

Una nutrición adecuada reduce hasta en un 36% el ausentismo escolar, mejorando el rendimiento cognitivo y la productividad futura de los menores.

Publicado:

Juan Manuel Arias Montenegro

Por: Juan Manuel Arias Montenegro

Creativo Digital

Adolescentes
Aplicar la “regla de la mano” para carbohidratos y diferenciar la papa de las verduras verdes es fundamental para un equilibrio metabólico real - crédito Canva

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El crecimiento de un niño siempre ha sido motivo de orgullo para los padres, pero históricamente la medida del éxito se ha limitado a dos cifras: cuánto pesa y cuánto mide; sin embargo, la ciencia moderna está derribando este paradigma.

En la 13ª Conferencia Internacional sobre Nutrición y Crecimiento (N&G), expertos mundiales se reunieron para redefinir lo que realmente significa "crecer bien" y en la que la principal conclusión del encuentro fue el concepto de “crecimiento de calidad”.

No se trata de ser el más alto o el más pesado, sino de lograr un desarrollo proporcional donde la masa muscular, la densidad ósea y el equilibrio metabólico jueguen un papel central.

Para profundizar en este impacto, Olímpica Stereo conversó con la Dra. Gladys Aquino, endocrinóloga pediátrica, y la Dra. Mandy Ow, científica clínica de Abbott, sobre cómo la malnutrición altera el delicado sistema hormonal y la composición corporal de los más jóvenes.

El motor invisible del crecimiento

La malnutrición no es solo la falta de comida; es también el exceso de alimentos de mala calidad. Según la Dra. Gladys Aquino, el sistema endocrino de un niño actúa como un centro de control que regula desde el sueño hasta el aprendizaje: "Las hormonas están vinculadas a todo: cuánto apetito tienen, cómo regulan sus emociones y, por supuesto, cuánto crecen".

Un punto crítico revelado por la doctora es la relación entre las proteínas y la hormona del crecimiento. Esta hormona requiere receptores y transportadores para funcionar correctamente, los cuales son, en esencia, proteínas y si un niño tiene el "plato lleno" pero carece de diversidad nutricional, su cuerpo no tiene los ladrillos necesarios para que las hormonas hagan su trabajo.

"En América Latina vemos una paradoja: niños con exceso de peso (tejido adiposo) pero con huesos débiles y salud muscular pobre", advirtió Aquino. Este exceso de grasa, lejos de ser un signo de salud, actúa como un disruptor endocrino que impide que el niño alcance su potencial máximo de crecimiento.

Dra. Gladys Aquino

Masa muscular vs. tejido graso

La Dra. Mandy Ow, desde el Centro de Investigación y Desarrollo de Abbott en Asia-Pacífico, refuerza esta visión. Según sus investigaciones, los indicadores tradicionales como el IMC (Índice de Masa Corporal) a veces ocultan lo que ella llama los "indicadores críticos ocultos".

“Lo que no vemos a simple vista es la masa magra, como músculo y órganos, y la masa ósea”, señala Ow. El hueso tiene una ventana de oportunidad limitada: al final de la adolescencia, dejamos de acumular densidad ósea. La cantidad de hueso que logramos a los 20 años dictará nuestra salud esquelética para el resto de la vida.

Estudios presentados por Ow demostraron que el uso de soluciones nutricionales especializadas durante un periodo de 240 días en niños con riesgo nutricional permitió que estos crecieran más rápido en estatura, pero con una diferencia clave: ganaron masa muscular y fortalecieron sus huesos sin aumentar el exceso de grasa.

El impacto en la vida diaria

La malnutrición no solo afecta el interior del cuerpo; tiene consecuencias tangibles en la sociedad. La data presentada en N&G 2026 indica que una nutrición adecuada puede:

  • Reducir los episodios de enfermedad en un 13%.
  • Disminuir el ausentismo escolar en un 36%.
  • Aumentar la recuperación del retraso en el crecimiento en 10.1 puntos porcentuales.

Esto se traduce en un alivio económico para las familias y los sistemas de salud. En Colombia, donde el retraso en el crecimiento afecta a unos 560,000 niños menores de cinco años, abordar este problema de manera temprana podría ahorrar millones de dólares en gastos sanitarios y pérdida de productividad de los cuidadores.

Dra. Mandy Ow

La segunda oportunidad

Un mito común es que la nutrición solo importa en los primeros mil días de vida. Los expertos subrayaron que la adolescencia (10 a 18 años) es una segunda ventana crítica, pues durante la pubertad, las necesidades nutricionales se disparan.

Los estudios muestran que una intervención adecuada en esta etapa mejora el índice de masa corporal y aumenta significativamente la masa muscular magra, permitiendo un "estirón" saludable y proporcional.

¿Cómo armar un plato de "calidad" en casa?

Para los padres que se enfrentan al reto de la economía y la disponibilidad de alimentos, la Dra. Aquino ofrece una guía práctica basada en lo que tenemos a mano en la región:

  1. La regla de la mano: para carbohidratos como el arroz o la pasta, la porción debe ser lo que cabe en el cuenco de la mano (media taza aproximadamente).
  2. Verdura real: la papa no es una verdura, es un carbohidrato. Si hay papa, no debería haber arroz en la misma proporción. El plato debe tener verde: lechuga, brócoli o cebolla.
  3. Proteína sin "maquillaje": un huevo o una pechuga de pollo son excelentes, pero pierden su valor si se cubren con salsas procesadas o tocineta en exceso.
  4. El postre natural: sustituir los dulces procesados por una fruta natural proporciona el toque dulce que el niño busca sin los picos de azúcar que afectan sus hormonas.

Un cambio de mentalidad familiar

Tanto la Dra. Aquino como la Dra. Ow coinciden en que el seguimiento debe ser continuo: "Una medición puntual no nos dice nada; necesitamos ver la tendencia de crecimiento a lo largo del tiempo", afirmó Aquino; además, el cambio debe ser familiar, no se le puede pedir a un niño que deje la gaseosa si sus padres la tienen en la mesa.

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