Las versiones que me habitan: el libro que da voz a las múltiples identidades de quien migra

Olímpica Stereo conversó con la autora Andrea Sarmiento sobre duelo, cuerpo y las voces internas que emergen al cambiar de territorio.

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Juan Manuel Arias Montenegro

Por: Juan Manuel Arias Montenegro

Creativo Digital

Las versiones que me habitan
La obra "Las versiones que me habitan" reflexiona sobre la soledad, el duelo migratorio y las transiciones de vida en Londres - crédito Olímpica Stereo

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Andrea Sarmiento Bernal no escribió un manual sobre cómo sobrevivir en el extranjero, escribió algo mucho más valioso: un mapa íntimo de lo que ocurre dentro de una persona cuando todo lo conocido se desmorona y, por primera vez, se queda a solas consigo misma.

En diálogo con Olímpica Stereo, la publicista y autora radicada en Londres desnudó el alma de Las versiones que me habitan, un texto que conmueve a quienes alguna vez se han sentido fuera de lugar, ya sea en otro país, en su propio cuerpo o en su propia vida.

Diez capítulos para conversar con el espejo

El libro, compuesto por diez capítulos, no es una crónica lineal de la migración. Es, sobre todo, un ejercicio de honestidad brutal: "Es un relato de una persona que está pasando por un proceso de transición, cualquier proceso de transición activa voces internas que uno no conocía", explicó Sarmiento.

En su caso, el detonante fue el salto de Bogotá a Londres: el choque del idioma, la soledad, la distancia y el desarraigo, pero lo que encontró al otro lado del Atlántico no fue la solución a sus frustraciones, sino una cámara de resonancia donde sus conflictos internos se amplificaron.

Andrea confesó que llegó a Londres creyendo que los problemas se quedaban en el territorio que dejaba atrás: "Es una gran mentira —admitió—. Todos los problemas están metidos en ti y los tienes que resolver, y muy posiblemente se van a volver más grandes y más complejos cuando migras".

Fue entonces cuando comenzó a escuchar a las múltiples Andreas que habitaban su cuerpo: la que dudaba, la que deseaba, la que se contradecía, la que escribía para entenderse, etc.

Andrea Sarmiento

Silvi, Mati y las anclas que sostienen

En medio de esa tormenta interior, la autora encontró dos polos que la sostienen en el vaivén entre Bogotá y Londres. El primero fue Silvi, su prima, a la que describe como "bruja" y confidente desde la infancia: "Somos muy cercanas desde chiquitas, las dos estamos medio loquitas", dijo entre risas.

Silvi conoce a las "muchas Andreas", sobre todo a las más desbordadas, y es a quien llama llorando cuando la soledad en Londres se vuelve insoportable: "Con ella es con quien me permito", confesó.

El segundo ancla es Mati, un amigo británico convertido en hermano. Fue la primera persona con la que se sintió cómoda dándose un abrazo en el Reino Unido, y quien la vio quebrarse en una escena que quedó plasmada en el libro: llorando, preguntándose "¿qué putas hago acá?". "Él es de las pocas personas en Londres que me ha visto llorar, que me ha visto emberracada", relató. A ellos dos les dedicó la obra.

El abrazo que trasciende la distancia

Pero hay una tercera presencia que atraviesa el libro con fuerza casi tangible: Chemi, su abuela. La figura ancestral se convirtió en un pilar espiritual durante el proceso migratorio, especialmente en los momentos de angustia extrema.

Sarmiento narró en el texto una sesión con su prima Silvi en la que su abuelita, ya fallecida, "se presentó a darme la tranquilidad que yo necesitaba para poder irme en paz".

Para Andrea, llevarse a Chemi a Londres no fue una opción, sino una necesidad de supervivencia emocional: "Literalmente tener su denario y su fotico y su chal fue un rescate", describió. "Este hueco que siento en el pecho solo lo puedo llenar con el chal de Chemi".

Ese capítulo, que también rinde tributo a una mujer desplazada por la violencia que crió cinco hijos "haciendo malabares", se convirtió en uno de los más conmovedores del libro.

El capítulo que no quería existir

Entre los diez capítulos, hay uno que Sarmiento nunca planeó escribir: el que ella bautizó internamente como el de "los ojos turcos". El editor del libro notó que Andrea hablaba mucho de esa mirada en el texto y le sugirió que merecía un capítulo propio: "Es un culito, nos vemos cada quince días, no va a salir nada", se resistió ella. Treinta páginas después, tuvo que reconocer que sí tenía "cositas que decir".

Ese capítulo se convirtió en uno de los favoritos de los lectores, pero fue el más doloroso de escribir: "Está una Andrea muy herida hablando ahí", confesó.

Habla desde la contradicción, desde las incoherencias, desde las heridas del pasado, no solo amorosas; sino también, de conflictos con el cuerpo, que una relación intensa terminó por reabrir: "Este man me clavó el cuchillo en la peor herida que yo tenía", recordó; sin embargo, ese ejercicio de escribir lo incómodo la resolvió: "Si uno no le da voz a esas Andreas locas, se toman el control".

Londres como ventana al mundo

A pesar de la crudeza del duelo migratorio, Andrea no duda en recomendar la experiencia londinense, especialmente por su inmensa riqueza cultural: "En Londres uno va caminando por la calle y escucha todos los idiomas, ve todos los tipos de vestimenta, ve todas las razas. Es como el mundo en chiquito", describió.

Su consejo para quienes visiten la ciudad no se centra en los monumentos clásicos, aunque defiende la belleza de la Torre de Londres y la leyenda de sus cuervos protectores, sino en sumergirse en la multiculturalidad: "Busquen restaurantes de países raros. He conocido restaurantes palestinos, de Etiopía, de Ghana. Uno puede conocer el mundo en Londres porque literalmente hay una comunidad de cada país".

Una guía para quienes transitan

Las versiones que me habitan es un libro que se puede leer de una sentada, que ayuda a identificarse con la honestidad visceral de la prosa, un hecho que Andrea conoce y valora: "Lo que me parece chévere de este libro es que no importa el proceso de transición que estés viviendo: si decidiste migrar, si decidiste ser mamá, si decidiste cambiar de profesión... siempre eso va a hacer que surjan en ti versiones que tal vez no conoces".

El libro no promete que migrar sea fácil, tampoco ofrece recetas, lo que ofrece es compañía: la certeza de que, cuando todo cambia, la única forma de encontrarse es aprender a habitarse. Y a veces, sentarse a escuchar esas voces internas, por incómodas que sean, es el primer paso para no perderse del todo.

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