Cuando la medicina se vuelve poesía: Gilraen Eärfalas presenta "De anatomía poética"
En entrevista exclusiva, Olímpica Stereo conversó con la autora mexicana sobre su nuevo libro.
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Por: Juan Manuel Arias Montenegro
Creativo Digital

Gilraen Eärfalas regresa a las estanterías con un libro que desafía las fronteras entre la ciencia y el arte. De anatomía poética no es solo un poemario: es una experiencia sensorial, una invitación a colorear el cuerpo humano mientras se desentrañan sus heridas emocionales.
Publicado por Planeta, este volumen inédito reúne más de cincuenta ilustraciones anatómicas diseñadas para que el lector interactúe con cada página, convirtiendo la lectura en un acto terapéutico que, como advierte la autora en la contraportada, "no sustituye la terapia psicológica".
En una conversación exclusiva con Olímpica Stereo, la escritora y médica mexicana desnudó los secretos de una obra que ya ha conquistado a lectores de toda América Latina: "Mi corazón no se rindió, a mi corazón lo cansaron", reza uno de los versos que han resonado con quienes han tenido el libro entre sus manos.
De la sala de urgencias al papel
Gilraen Eärfalas nació en Chilpancingo, Guerrero, y es técnica en análisis clínicos y médica general. Su romance con la escritura, sin embargo, comenzó mucho antes de su paso por la facultad de medicina, pues a los quince años ya administraba un blog en Blogspot en el que publicaba poemas, relatos y una serie de cartas titulada Cartas que no llegaron, material que hoy forma parte de su bibliografía.
Fue durante la carrera de medicina cuando ambas pasiones, la ciencia y las letras, comenzaron a tejerse: "Los primeros médicos se atrevían a imaginar, a sentir, a pensar. Hay cosas que no podemos explicar y simplemente las sabemos, las creemos, existen".
Inspirada por médicos poetas como William Carlos Williams y Antón Chéjov, Gilraen autopublicó en 2018 Desfibrilador, su primer libro, en el que ya jugaba con la idea de fusionar terminología médica con sensibilidad poética.
Un cadáver que habla en tres voces
De anatomía poética no es un poemario convencional. Su estructura imita un expediente forense: inicia con una hoja de admisión al servicio médico forense donde el nombre de la fallecida aparece como "desconocido", aunque "seguramente alguna vez la llamaron amor, hija, loca, paciente".
A partir de ahí, el libro avanza por órganos —cerebro, corazón, riñón, hígado— como si se tratara de una disección que busca evidencia no del delito, sino de la vida emocional que habitó ese cuerpo.
"Quería resignificar conceptos fríos y darles emoción", detalló Gilraen. El libro está construido a tres voces: un médico que perdió a una mujer y le deja enseñanzas a su discípulo; el discípulo mismo, cuyas notas marginales aparecen en las páginas; y la voz de la mujer que sufrió. Quienes han seguido su universo literario podrán reconocer conexiones con su novela No me llames loca, pues varios poemas son firmados por personajes ya conocidos de su ficción.

Uno de los hallazgos más conmovedores aparece en la hoja de admisión: "Murió por exceso de inocencia". La autora explicó que esta línea nació de su personaje Daniel Morgan, una mujer que sobrevivió a una red de trata y que, pese a haber conocido el infierno, seguía queriendo confiar en los demás.
"Tenía la necesidad de creer de que el amor existía en algún lado. Perdóname si te inventé un corazón", reza otro de los versos que ilustran esa tensión entre la vulnerabilidad y la esperanza.
La niña que no podía soñar
La trayectoria de Gilraen Eärfalas dista mucho de ser una historia de sueños planificados: "Yo no soy una persona soñadora", confesó durante la entrevista. Criada en una familia de escasos recursos, desde pequeña le enseñaron a ser realista: cuando decía que quería ser astronauta o cantante, sus padres la bajaban de esa nube. La escritura fue, durante años, solo un pasatiempo.
Todo cambió cuando sus lectores comenzaron a apropiarse de sus poemas en redes sociales. Para proteger sus derechos de autor, recopiló sus textos en una antología que autopublicó en Amazon sin mayores expectativas: "Era más que nada como para protegerme", recordó; sin embargo, el libro comenzó a venderse.
Empezó pidiendo ejemplares de a dos, luego de a cincuenta, hasta que llegó un punto en el que ya no podía conciliar su trabajo en el consultorio con la demanda de sus lectores.
Fue entonces cuando tomó una de las decisiones más difíciles de su vida: renunciar a su plaza en el sector salud. "Mi jefa fue como de: '¿Estás bien tú? ¿Te tomaste el medicamento esta mañana?'", relató entre risas. "Nadie deja ese trabajo en sus cabales".
Salió llorando de las escaleras del hospital, con la renuncia en la mano, convencida de que estaba cometiendo un error. Hoy, seis años después, vive de la literatura y acaba de publicar con una de las editoriales más grandes del mundo.
Dopamina de calidad
A pesar del éxito, Gilraen mantiene los pies en la tierra: "No me permito soñar", insistió. Incluso cuando entró a una librería y tocó los estantes pensando "un día mis libros estarán aquí", se reprimió inmediatamente: "No puedo pedir más de lo que ya se me ha dado". Dos meses después, llegó el correo de Planeta.
Sobre cómo disfrutar De anatomía poética, la autora tiene una recomendación clara: sentarse a una mesa con colores y plumones, desintoxicarse de las redes sociales y "buscar dopamina de calidad y no la de baja calidad que nos da el scroll".
El papel es más grueso que el convencional precisamente para que el lector no tenga miedo de rayarlo, de colorear las ilustraciones anatómicas, de hacerlo suyo. "Atreverse a rayarlo", pidió. "Si yo ya me rayé la piel con un tatuaje, ¿por qué no voy a rayar el libro?".
El futuro del universo Eärfalas
Gilraen anunció que se tomará una pausa de la poesía para abrir el cajón de las novelas. Antes de terminar el año espera publicar un libro que se desprende de No me llames loca, proyecto que tenía guardado desde hace tres años.
Para 2027, planea sacar dos libros más de ese mismo universo y, si es posible, una antología de cuentos de terror nacida de una tradición personal: durante años, cada octubre escribía un cuento diario del 1 al 31.
"Mi único contacto fue Dios y él mueve las piezas a como mejor le parece", explicó la autora y, aunque confesó con humor que su padre "la abandonó y solo le dejó los traumas", lo cierto es que Gilraen Eärfalas ha construido una carrera que muchos soñarían: una que no nació de los sueños, sino de la disciplina, el trabajo constante y la valentía de dejar ir lo seguro para abrazar lo inevitable.


