

Colombia
El sistema hídrico opera con un caudal de 500 litros por hora bajo estrictos estándares de calidad para consumo humano.
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Por: Juan Manuel Arias Montenegro
Creativo Digital

En medio de los canales de agua salobre que caracterizan a esta región del Caribe colombiano, algo inesperado está ocurriendo en Buenavista.
Lo que los habitantes han comenzado a llamar el "brote de Agua Pura" ha transformado la realidad de este pueblo anfibio, una comunidad que durante décadas dependió del agua embolsada que llegaba desde fuera en lancha, con calidad incierta y a merced del clima.
La magnitud del cambio fue tal que el presidente electo Abelardo De La Espriella decidió recorrer personalmente los palafitos acompañado de su gabinete ministerial. La visita, guiada por el artista Carlos Vives y el presidente ejecutivo de CAF, Sergio Díaz-Granados, tuvo un propósito claro: conocer de primera mano cómo una comunidad logró gestionar y producir su propia agua potable, marcando un hito de independencia para sus habitantes.
El epicentro de esta transformación se encuentra en "La Casa de Buenavista", un complejo de infraestructura que alberga la llamada "KZ del agua". Se trata de la primera planta de potabilización ubicada en una comunidad anfibia en toda la Ciénaga Grande, un logro que implica tanto ingeniería como voluntad colectiva.
El sistema opera con un caudal constante de 500 litros por hora y atraviesa rigurosas etapas de tratamiento: sedimentación, coagulación, floculación, filtración, microfiltración y desinfección con cloro.
El agua resultante cumple con la resolución 2115 de 2007 sobre criterios de calidad para consumo humano. Para garantizar el control permanente, la planta cuenta con equipos de medición in situ que monitorean en tiempo real parámetros como salinidad, turbiedad, color, pH, cloro libre residual, temperatura y metales como el aluminio.
Lo que distingue a este proyecto no es solo la tecnología, sino el modelo económico que la sostiene. Por primera vez en la historia de Buenavista, las familias no dependen del agua que llega de fuera en bolsas.
La planta es el hogar de la primera empresa del pueblo administrada y operada de manera autónoma por sus propios habitantes. Bajo la marca local Buenavista Agua Pura, los ciudadanos ejercen la libre empresa para solucionar una necesidad básica, proteger su salud y generar riqueza.
El litro de agua se comercializa a 500 pesos. El servicio de domicilios, al mismo precio, cubre a todo el pueblo. El éxito ha sido tal que ya se trazan planes de expansión para despachar pedidos hasta la comunidad vecina de Nueva Venecia.

Este logro no surgió de la noche a la mañana. Es el resultado de más de cinco años de trabajo sostenido por parte de Tras La Perla, la iniciativa fundada por Carlos Vives. La estrategia comenzó con la construcción de cinco casas piloto de gestión integral del agua y se consolidó gracias a una red de aliados que incluye a CAF, The Reynolds Foundation, Coca-Cola (a través de GWC y GETF), Invemar, la Universidad Militar Nueva Granada, la Universidad de Aarhus de Dinamarca, la Universidad del Magdalena y Tecnoaguas.
Durante el recorrido, Carlos Vives enfatizó que el objetivo no es traer asistencialismo, sino "conectar voluntades privadas y entregarles las herramientas para que ellos mismos transformen su realidad". La frase resume la filosofía del proyecto: no se trata de regalar soluciones, sino de empoderar a la comunidad para que las construya por sí misma.
Sergio Díaz-Granados, de CAF, destacó que la articulación público-privada desplegada en Buenavista es un motor de transformación social y un ejemplo replicable en otras regiones del país. La idea es que lo que funciona en los palafitos de la Ciénaga Grande pueda adaptarse a otras comunidades que enfrentan condiciones similares de aislamiento y vulnerabilidad hídrica.
El presidente electo Abelardo De La Espriella celebró la inauguración de las instalaciones y definió el lugar como el punto "donde la innovación tecnológica, la iniciativa de las familias del pueblo y la libre empresa se encuentran para producir agua segura".
Concluyó que este modelo, donde el Estado actúa como facilitador de la inversión privada y la cooperación voluntaria, convierte a Buenavista en un verdadero "laboratorio de la patria milagro" al que le apostará durante su gobierno entrante.
En una región donde el agua ha sido históricamente escasa, salobre o inaccesible, el "brote de Agua Pura" de Buenavista sugiere que la transformación es posible cuando la tecnología, la voluntad política y el empoderamiento comunitario convergen en una misma dirección.