45 años de Silvestre Dangond: los datos más sorprendentes de su vida artística
Silvestre Dangond llega a los 45 años con una carrera llena de éxitos, giros inesperados y mucha música. Aquí te contamos algunos datos curiosos que quizás no conocías.
Publicado:

Por: Equipo de Redacción
Redacción Digital

A Silvestre Dangond no le regalaron nada. Su historia se tejió con esfuerzo, carisma y un amor desbordado por la música.
Este 12 de mayo, el cantante guajiro celebra 45 años, y no hay mejor excusa para repasar los episodios más insólitos, divertidos y admirables que han marcado su camino.
Cuando tenía apenas ocho años, ya improvisaba presentaciones frente a un puesto de empanadas en su natal Urumita.
“Había una señora muy famosa, ‘La Negra’, que me dejaba cantar mientras la gente comía. Se llenaban las mesas, vendía más y me regalaba una empanada”, recordó durante una entrevista con The Suso’s Show.
Aquí recopilamos los datos más curiosos para celebrar sus 45 años:
- Vendía empanadas en Valledupar para ayudar económicamente a sus padres cuando aún era un adolescente.
- Cantó por comida y trago en Bogotá, cuando apenas intentaba abrirse camino en la capital.
- Su primer trabajo musical fue en un bar de La Calera, pero solo duró un par de días.
- Lo apodaban “El Chivas” porque durante las serenatas en Urumita era quien servía el trago.
- Estuvo a punto de cantar en ‘Aló Presidente’ con Hugo Chávez, pero el trancón en la carretera lo dejó por fuera.
- Cantó en un concierto recién operado, con drenajes, faja y un médico esperándolo tras el escenario.
- Cobra hasta $100 millones por presentación, siendo el artista vallenato mejor cotizado del país.
- Se cayó de una tarima en Aguachica, intentando hacer una entrada “triunfal” que quedó en anécdota oscura (literalmente, nadie lo vio).
- Antes de cada concierto, siempre ora con su equipo, cuida su alimentación y se prepara con varios cambios de vestuario y mucha agua.
A sus 45 años, Silvestre Dangond no solo ha consolidado una carrera musical sólida, también ha construido una narrativa que conecta con el público desde la autenticidad. El niño que cantaba por empanadas aún vive en él, aunque ahora su escenario se mida en miles de asistentes y millones de reproducciones.


