Talento Artístico
Saira Rubio
En confianza, a Saira Rubio le dicen Sai, Sairi o incluso Nicole, segundo nombre que le puso su mamá inspirándose en la actriz Nicole Kidman, porque soñaba con una hija empoderada y grande. Aunque ella mide 1.62 m, su carácter y calidez la hacen enorme al micrófono. Es bogotana de nacimiento, pero ha vivido en varios lugares de Colombia, como Roldanillo (Valle) y La Dorada (Caldas). Le encanta la salsa (sobre todo Grupo Niche, por recuerdos de su abuelo), el merengue, el reggaetón, la música popular y el regional mexicano. Lo único que no pasa por sus parlantes es el rock pesado o el metal: “no me gusta que me griten”, confiesa con honestidad.
Sus heroínas son las mujeres de su casa: su mamá, que sacrificó sus sueños por los de sus hijos; y su abuela, una luchadora que supo unir a la familia cuando faltó quien la guiara. De ellas aprendió a ser berraca y a no rendirse. Eso sí, Saira tiene una particularidad que pocos conocen: su olfato es supersensible, sufre en el Transmilenio si hay mal olor y siempre carga una bufanda para protegerse. Entre sus gustos “culposos” admite que no puede ir a un centro comercial sin comprar ropa, y que es muy “buena cuchara” –carnívora confesa.
Su lema es simple y poderoso: “Un día a la vez”. Por eso vive el presente sin angustiarse por el mañana. Entre los sueños que aún le faltan por cumplir están tener su propio turno al aire en Olímpica Stereo, volver a la televisión y, en lo personal, tener su casa y la de su mamá y su abuela. Como hermana mayor y primera nieta, siente que su familia la ve con orgullo. Llegó a la radio casi por casualidad: estudiaba comunicación social en la Universidad Central, hizo reportería en una emisora comunitaria de Suba y el director la invitó a ser la voz femenina de un programa deportivo. Desde ahí no paró.
Lo que más le apasiona de este medio es la cercanía con la gente: “el oyente te siente como su amiga”, dice. Y para ella, los oyentes de Olímpica Stereo lo son todo: “la emisora se mueve gracias a ustedes”. Saira asegura que si no fuera locutora, sería abogada o algo ligado a las ciencias sociales. Cuando le preguntan si cambiaría algo de su vida, responde con madurez: “uno siempre aprende de las cosas que le pasan; estoy contenta con lo que he hecho hasta ahora”. Quiere ser recordada por su talento, por su capacidad de salir adelante y por juntar lo que aprende con los dones que Dios le dio.


