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Recordando a Rafael Escalona, el juglar del realismo mágico

Viernes, 13 de May - 20160

Rafael Escalona

Un 13 de mayo de 2009 partió de la tierra macondiana el juglar del realismo mágico, Rafael Escalona es tal vez el más reconocido de los pilares del vallenato moderno, sus canciones son insignias del folclore nacional y su vida se rodea de mágicas historias que lo convirtieron en leyenda. Hoy hemos querido recordarlo a través de curiosidades que solo los más cercanos a él conocían.

La camioneta de Rafael Escalona podría ser un vehículo normal, pero nada era normal en este personaje, en su camioneta llevaba en sus parachoques el nombre de “María la bandida”, bautizada así por el pintor Jaime Molina.

Parrandero como era Rafael Escalona, cuando se presentaba algún obstáculo momentáneo, como la falta de trago o hielo, apaciguaba su angustia caminando de un lado a otro o mordisqueando  las uñas de los dedos.

Aunque es uno de los más reconocidos compositores, Rafael Escalona no tenía formación literaria y nunca aprendió a tocar un instrumento, poseía una  inmensa capacidad de síntesis, siempre construía y enlazaba versos magistrales que expresaba con dicción perfecta.

Rafael Escalona y su inseparable amigo Jaime Molina iniciaban las parrandas juntos pero era frecuente que nunca las terminaran de la misma forma porque Rafa se iba a acostar y Jaime continuaba bebiendo.

La canción ‘La brasilera’ fue realmente compuesta para Isabel Martínez, una hermosa Santandereana nacida en Bucaramanga, con quien tuvo amores por casi cuatro años, en un periodo de su vida donde atravesaba por problemas económicos. Isabel y Escalona se conocieron en el aeropuerto, cuando él le preguntó su nombre ella respondió: “Mi nombre es Sofía y soy brasilera”.

Cuando Escalona compuso ‘La Vieja Sara’ estaba en una parranda con Gabriel García Márquez y cuenta el escritor que Rafael no alcanzó a terminarla, porque se la silbó a un acordeonero que estaba por ahí. El tipo agarró música y letra de una sola oída. Fue un viernes o sábado de carnaval.

Cuando falleció su amigo Jaime Molina, Rafael Escalona mandó traer de Bogotá una corona gigante de flores, un 15 de agosto de 1978, y dicen sus amigos que no asistió al sepelio, porque no quería ver a ninguno de sus amigos muerto.

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