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Alfredo Chaparro, el Carlos Vives que llena semáforos

Jueves, 11 de Feb - 20160

Carlos Vives

Son las 11 a. m. y, en medio de un trancón, junto al semáforo de la calle 153 con avenida 19, se escuchan los versos de ‘La gota fría’. Los conductores miran curiosamente a un hombre que, desafiando el calor de estos días en la capital, imita al artista que ha puesto a cantar y a bailar a varias generaciones en Colombia con canciones como ‘La tierra del olvido’ y ‘Bailar contigo’.

Alfredo Chaparro interpreta a Carlos Vives, tiene la cara y parte del cuerpo pintado de plateado –simulando una estatua– y con un bafle pone a sonar los temas del cantante samario. Desde los carros se escuchan pitos, risas y hasta aplausos mientras él sonríe y continúa realizando sus movimientos y gestos, tan similares que en ocasiones hay que mirar dos veces para verificar que no es el mismísimo Vives. Cuando el semáforo está a punto de cambiar a verde, Alfredo hace una venia, recibe las monedas y billetes que la mayoría de conductores le entregan, y se despide de su sonriente público.

Así pasa sus días este hombre, oriundo de Bucaramanga, que mantiene a sus cinco hijos con este trabajo. La época de vendedor de tintos en su ciudad natal quedó atrás y ahora, al salir a trabajar, carga una peluca, un micrófono, unas gafas y una guitarra. Desde hace ocho años se transformó en ‘el mejor personaje del mundo’, como él llama a su ídolo, inspiración y modelo por seguir.

“Lo hago de corazón. Con esto mantengo a mi familia, pago arriendo en un asilo y les doy estudio a mis hijos, pero lo hago también por amor y por la reacción de la gente. Me quieren mucho y me apoyan”, afirmó.

Alfredo cuenta con varios trajes para diferentes ocasiones: el que usa en los semáforos, el que se pone para eventos a los que a veces lo invitan, y el que guarda para el momento en el que cumpla su sueño de conocer a Carlos Vives.

Un sueño que está cada vez más cerca, pues el mismo cantante le envió, a través de EL TIEMPO, un mensaje en el que le confiesa que lo ha visto. “Me he cruzado varias veces contigo, te he pasado muy cerca en bicicleta. Me he quedado viéndote un rato, pero me ha dado pena conversarte. Tenemos que hablar”, dijo Vives en un video desde Miami (EE. UU.).

“Gracias por lo que le corresponde al artista nacional, por ese cariño. Te veo pronto”, agregó el samario.

Mientras espera ese momento, Alfredo sigue trabajando para sacar sonrisas a punta de Clásicos de la provincia y muchos éxitos más. Actualmente tarda 20 minutos en su proceso de transformación. Sin embargo, llegar a este punto no fue fácil. Logró perfeccionar su personaje después de tres años.

“Ensayaba todos los días. Al principio solo hacía movimientos con la guitarra, y luego se me ocurrió poner un micrófono, como si estuviera cantando. A veces me equivocaba, me caía o se notaba la mímica; ya con el tiempo, logré que hasta la gente creyera que soy el que está cantando”, relató.

Pero la historia de cómo se convirtió en Vives empieza muchos años atrás, cuando conoció a Rosa, su primer amor. “Ella me decía que me parecía a Gallito Ramírez (el protagonista de la novela del mismo nombre que interpretaba Carlos Vives)”. Sin embargo, la anécdota quedó ahí. Tuvieron que pasar varias décadas hasta que alguien más le volviera a nombrar al cantante de ‘Fruta fresca’ y ‘Alicia adorada’.

“Un día estaba en un semáforo, con un traje de un rasta, pero estaba tan acalorado que me mandé la peluca hacia atrás y me puse unas gafas. Pasó una señora y me dijo: ‘Tan lindo, Carlos Vives’ ”, relató.

A Alfredo le quedaron sonando aquellas palabras y decidió aceptar el reto. “La idea se me metió en la cabeza. Yo veía pintado a un amigo que se disfrazaba de llanero, y de ahí me inspiré”. Se refiere a Gonzalo Prato, un hombre que lleva 18 años trabajando en las calles como artista urbano y que en la actualidad lo acompaña como su ayudante y acordeonero.

“Mi experiencia como el acordeonero ha sido muy bonita porque así empecé a trabajar en los semáforos, antes solo lo hacía en las calles. La gente de buen corazón reconoce lo que hacemos, que es arte, y nos remunera el esfuerzo”, dijo Prato. Es este amor por el arte de calle el que les ha permitido a Alfredo y a Gonzalo superar sus dificultades.

“Hay servidores públicos que no nos dejan trabajar. Ojalá se concienticen para que no nos prohíban y nos traten bien”, afirmó Prato.

Pero los sueños siguen y no hay nada que impida que Alfredo continúe siendo el ‘Carlos Vives’ que ‘llena’ semáforos y que lucha para que de lunes a domingo los bogotanos canten en las calles: “Quiero que lleves en ti la vida mía… Quiero que te llenes del amor de mi tierra”.

Ana María Velásquez Durán – eltiempo.com 

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