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Alexis Lozano el ‘guayacán’ de la salsa en Colombia

Martes, 9 de Ene - 20180

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Cuando niño, Alexis Lozano Murillo se sentaba en el comedor de su casa y utilizaba platos, tenedores y vasos para sacar sonidos musicales. Después, dicen, cantaba merengues caribeños mientras Celio y Consolación, sus padres, quedaban embelesados ante esa virtud innata.

Todo eso comenzó en Quibdó, fue allí donde nació ese afán musical por improvisar sonidos que iban desde tocar con tarros de galletas y ollas hasta con instrumentos prestados, que terminaban provocando éxitos legendarios.

“Nosotros salíamos a tocar por las calles de Quibdó y en las tiendas nos daban dulces”, recuerda el músico. “En esos tiempos no era bien vista la música, mis padres (educadores) pensaban que era sinónimo de bohemia, borrachos y pobreza”. A pesar de esa prevención, sus siete hermanos acabaron siendo músicos.

Pocos saben que la casa donde creció en el barrio César Conde había sido años antes un salón de baile, en el que cada semana se escuchaba chirimía y al lado había una especie de inquilinato donde se quedaban los mejores músicos del Pacífico. “Ese lugar era paso obligado, como la casa del ritmo”, dice.

“Mi casa tenía un imán con la música. Allí dejaron su sudor los mejores músicos con las mejores notas, pero eso sólo lo supe después”, recuerda el menor de los hermanos Lozano. A los 9 años recibió su primera clase de guitarra, de la mano de Everto Lozano, su hermano y maestro. Luego vendrían las clases con Cecilio.

A los 10 años ya tocaba con su propia agrupación, Los Tremenditos, “recuerdo que nos patrocinaba un vecino, Adrián Castillo”. Ese sexteto, rememora su hermano Everto, era un furor porque “tocaban en ‘agua e’ lulos’, fiestas de 15 años y matrimonios”.

Alexis dice que fue una generación de músicos brillantes: Nicolás Cristancho, Daniel Botero, Pacho García, Juvenal Chaverra y Toño Montaña que hicieron de la banda un ícono. “Pocas veces se ha visto un grupo tan notable”, manifiesta Everto, quien notó que Alexis era el líder de la banda.

Richie Valdés, amigo de Alexis y cofundador de Guayacán Orquesta, comenta que alguien definitivo en la vida musical de Alexis fue el sacerdote español Isaac Rodríguez, porque con él se vinculó a la escuela musical que tenía en la catedral y allí aprendió a ejecutar instrumentos y leer música.

Lozano recuerda que le dijo a Chucho Mosquera, un aprendiz de música, “si yo encuentro alguien que me enseñe a leer música me vuelvo una lumbrera”. A los días, Chucho le dijo que al pueblo había llegado el cura Isaac. Lo primero que aprendió: un método de solfeo del Real Conservatorio de Madrid. Tenía 12 años.

Después, el trasegar: miembro de la banda San Francisco de Quibdó de Pedro José Serna y ejecutante de la música folclórica en las chirimías del Chocó. “Toqué la chirimía y recorrí todo el Chocó con las mejores bandas: Los Cunas y La Séptima Dimensión”.

Su hermano Cecilio, quien aprendía pedagogía musical en Bogotá, le enseñó lo último de música en Quibdó hasta que un día, con apenas 20 años, salió de su casa, de su barrio, para marcharse a la capital. “Sin darle un peso, con la decisión de un hombre, Alexis agarró una maleta y arrancó para Bogotá.

El resto es historia. A los 20 se ofrece a tocar en sitios nocturnos y termina en un bar de ‘streaptease’ como músico. Luego pasó al bar La Ronda, tocó con Los Hilton, que eran de Zipaquirá, más tarde lo hizo con la orquesta de Chicho Medina, después con la de Washington y sus Latinos.

Incluso, pasó por la Banda de Palacio Presidencial, pero se aburrió porque había que trabajar hasta los domingos. Pero allí aprendió lo que necesitaba para su futura orquesta: presentación personal, puntualidad, ensayo constante. Más tarde pasaría al Conservatorio y se nivelaría en los cursos que quería.

“Yo llegué a Bogotá agrandado. No quería hacer música clásica ni ser un aprendiz y se lo dije a los del Conservatorio. Me nivelaron, pero después terminé diciendo que yo quería ser músico de música comercial y no de clásica. Yo tenía algo claro: quería ganar dinero”.

Ese deseo lo vino a cristalizar después, cuando Ostwald Serna le presentó a Jairo Varela. “Caminaba un día por la Carrera 7 y vi en la distancia que venían dos negros. Cuando nos vimos, reconocí a Ostwald porque habíamos tocado juntos en Quibdó, fue mi compañero de guitarra. Y dijo mirando a Jairo: ‘Alexis toca todos los instrumentos’ y luego anunció, mirándome: ‘Jairo es compositor de canciones y quiere armar un grupo’. Luego nos tomamos un café”.

Se dieron la mano y grabaron cuatro álbumes con un sello: Grupo Niche. Jairo era el visionario y soñador, Alexis materializaba los sueños del compositor. Se volvieron ídolos. Quibdó jamás los volvería a olvidar y su música era un solo camino, ‘Buenaventura y caney’, fue el himno. Y el éxito a los 22 años. Nuestros sueños se compenetraron. Fui arreglista, orquestador, director, productor, trombonista hasta las primeras cuatro producciones”.

“Luego me di cuenta de que Jairo y yo concebíamos la música y el negocio de forma diferente. Cuando el proyecto caminaba y daba dinero, él quería imponer sus ideas y yo no se lo permitía. La diferencia fue ideológica, de concebir la ruta de la música. No fue por nada más”.

“Decidí hacer una orquesta con mis conceptos musicales, sin contar con la influencia de nadie, de otros pensantes y con la autonomía que yo exijo para sentirme cómodo”, nace más tarde la dura madera de Guayacán, la orquesta que es, disciplina, talento, perseverancia, negrura y éxito.

Guayacán, la orquesta que ha puesto a bailar a Cali. El mayor aporte de Alexis a la música colombiana es que ha hecho canciones con acento chocoano, de Pacífico. Tiene estilo propio, un sonido de salsa con elementos autóctonos.

Alexis es tal vez el mejor gestor musical. “No sólo se abrió camino, sino que abrió el camino a los demás artistas que estaban en el Chocó. Y lo hizo en la salsa como en el folclor. Un músico excepcional.

Virtuoso, pedante, contestatario, ídolo, egocéntrico. Así es Alexis Lozano, el arreglista musical más importante del folclor chocoano y la salsa colombiana.

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