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Cheo Feliciano, música, tradición y drogas

Viernes, 15 de Abr - 20160

cheo feliciano

El diario El Tiempo recuerda con una entrevista inédita en su portal web a Cheo Feliciano, este domingo se cumplen dos años de su partida. Compartimos con ustedes apartes de la nota:

José Luis Feliciano Vega nació en Ponce (Puerto Rico) el 3 de julio de 1935. Estudió tres años de solfeo y música en la Escuela Libre de Música, con la intención de estudiar trombón. El instrumento solo llegó cuando su padre le informó que tenían que irse a Nueva York a mejorar la vida familiar.

Tito Rodríguez tuvo que ver con su inicio como cantante

Y quizás antes de ser cantante, porque yo siempre fui un gran admirador de Tito y siendo niño –cuando la familia se mudó de Puerto Rico a Nueva York–, por mis escasos recursos, me ideé la manera de estar en todos los espectáculos que me interesaban, trabajando como utilero y cargamaletas de las mejores orquestas y artistas.

Al cabo de un tiempo, Tito me dio la oportunidad de cantar ante un público con su orquesta en el Palladium. Más adelante, cuando se abre un espacio vacante, al irse Willie Torres del Sexteto de Joe Cuba en 1957, Tito Rodríguez me recomendó como cantante.

1957 es una fecha memorable para mí, porque el mismo día que hice mi debut formal con Joe Cuba, fue la misma noche que me casé con mi mujer Coco (Socorro Prieto León). Después de la ceremonia nos fuimos con las maletas y todo, no para la luna de miel, sino para actuar con Joe Cuba. Después de dos presentaciones pudimos emprender nuestro viaje de recién casados.

¿Cuáles fueron sus primeras grabaciones exitosas?

Me parece que el primer ‘long play’ se titulaba en inglés ‘Chachas to Soft Savage Beast’ (Chachás para amansar la bestia salvaje) y que tenía un tema que titularon ‘Cara sucia’ o ‘Carita sucia’ y otro ‘El botecito’. Pero aunque se grabó en 1959, el grupo tardó cuatro años en explotar y fue con el segundo ‘long play’, donde estaba una pachanga muy rítmica que tanto gustó por acá: “A la seis es la cita, no te olvides de ir…” Ese fue nuestro pasaporte y nos trajo mucho trabajo no solo en Nueva York, sino que comenzamos a ir a California, Ohio y llegamos a Puerto Rico.

¿Ustedes son pioneros de lo que ahora se llama salsa, junto con Charlie Palmieri y Johnny Pacheco con la Duboney Orquesta?

Sí existía esa charanga, pero antes estaban establecidas otras orquestas: Tito Puente, Tito Rodríguez, Machito…

¿Qué viene después?

Yo continué con el Sexteto prácticamente diez años y fue creciendo el aprecio del público hasta el punto de que éramos el grupo número uno y sobrepasamos en fanaticada a los que fueron nuestros maestros. El secreto estaba en que éramos un grupo diferente y mientras las orquestas tenían trompetas, saxofones y trombones, nosotros teníamos, como el alma del grupo, la instrumentación en el vibráfono. Este brindaba un sonido singular aparte de que era un grupo tremendo, muy rítmico, muy dinámico, muy alegre. Nuestro ritmo invitaba a gozar y bailar.

¿Por qué cae en el problema de las drogas?

Yo viví por muchos años en lo que se llama El Barrio en Nueva York, calle 110 y 5ta. Avenida en el Alto Manhattan, que lo puso en la historia el gran Noro Morales. Cuando sucedió este fenómeno de las drogas, nadie sabía de los riesgos que traían y no era un problema nacional. Nos lo presentaron como algo nuevo, de moda. Te vas sentir bien y vas a cantar mejor, ¡esto es chévere! ¡Qué nota! Y te pone bien sabroso. Nadie sabía de las drogas más fuertes, solo se conocía la marihuana, que se fumaba y no se le prestó mucha importancia. Sobre las otras drogas no hubo una advertencia de peligro. Quizás yo no hubiera entrado y caído si alguien me hubiera prevenido. Mi problema mayor, como el de cientos de miles de personas, fue el de la heroína, que es la madre de las drogas. Por eso yo le aconsejo a la juventud que ni siquiera comiencen probando la marihuana, porque uno va escalando. La marihuana es la más débil y aceptada de todas esas substancias. Ya había cocaína en grado muy bajo pues no era fácil conseguirla. De ahí uno sigue escalando, buscando estímulos más fuertes y llegamos casi a perdernos.

¿Y Nueva York cómo está para la salsa?

Nueva York fue la meca hace muchos años, cuando yo comenzaba. Era el único sitio del mundo con más de cincuenta salones para el baile de la salsa, aunque todavía no se le llamaba así. Tú podías escoger entre muchos. Hoy habrá a lo sumo tres o cinco lugares, decayó bastante, por eso muchos músicos nos fuimos a vivir en Puerto Rico, donde estaban las oportunidades de trabajo.

*La entrevista completa está en la página web del diario El Tiempo.

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